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PANAMÉRIKA

Los cortes modernos de Hispanoamérica

Oye, gózalo… con La 33. ¡Quince años ya!


Foto: Fernanda Pineda, Hanz Rippe / La-33.com

La 33 no sólo es una orquesta colombiana de salsa que hoy es reconocida en muchos circuitos musicales del mundo, también es una valiosa lección para la música independiente latina en los quince años que lleva transmitiéndonos sus ideas sabrosas.


Aunque era la sede obvia de más de un sello discográfico que las grababa, la capital colombiana siempre estuvo lejos de ser el epicentro de orquestas de música tropical. Pero en el siglo XXI, en medio de una enriquecedora diversificación de la vida nocturna, una generación de salsómanos quiso conformar un inédito movimiento musical en el que reinara el género afroantillano, especialmente en su cara más elaborada y nostálgica.

Hace quince años, mientras la radio comercial sucumbía ante nuevas propuestas sonoras que herían de muerte a la salsa, otros, sin importarles mucho los listados de las emisoras, lideraban en Bogotá una afortunada renovación. A la cabeza de nombres aún hoy persistentes como La Conmoción, la Real Charanga o Yurgaki, se encontraba una orquesta que tomaba su nombre del salón donde ensayaban en la Calle 33, en el histórico barrio de Teusaquillo.


No eran precisamente los músicos más versados en las tendencias y ritmos del género, tampoco eran —como en esa inevitable esencia que ha hecho escuela en las grandes orquestas de la historia salsera— músicos que desde la cuna ya traían el perrenque para tocar con virtuosismo sus instrumentos. Antes que todo eso, La 33 fue en sus primeros años un honesto esfuerzo por aprender de la salsa y poderla terminar tocando sin complejos en los escenarios más exigentes, con la carga simbólica que significaba para sus músicos proceder de Bogotá o de grupos de rock y ska.


Así, con esta especie de resistencia cultural, salieron los álbumes
La 33 (2004) y Gózalo (2007), dos muy sabrosos y honestos intentos por conciliar la salsa con las diversidades culturales de la ciudad y la formación de los músicos. De ñapa, nos enseñaron el modelo de una orquesta “comunitaria”, de una sociedad creativa en la que cada uno de sus integrantes aporta y recibe créditos por igual, permitiéndoles sobrevivir todo este tiempo sin mayores relevos en su nómina.


Al final de la década sin nombre, lo que parecía ser un movimiento perdurable en Bogotá, no había dejado una escuela tan significativa como para que otros proyectos recogieran la posta; sin embargo, el gran mérito de La 33 sería su internacionalización. Amparados en los contactos que por entonces habían llevado a Europa a artistas como Aterciopelados, las ideas sabrosas de este proyecto empezaron a ser conocidas en los festivales de música latina y global más célebres del planeta.

De ese esfuerzo resultaría una gira mundial al año y otros dos álbumes:
Ten cuidado (2009) y Tumbando por ahí (2013). La cancha que habían ganado en esos fogueos se vio reflejada en un sonido más maduro y más dado a cultivar los lados más exigentes de la salsa brava, en una ingeniosa combinación de temas originales con clásicos latinos y foráneos. Luego de la muy célebre “Pantera mambo” vendría, por ejemplo, “Roxanne”, al tiempo que nos dejaron un último álbum orientado hacia el sonido clásico de salón de mediados del siglo pasado, con la convicción creativa de quienes ya quieren hacer lo que les da la gana, libres completamente de exigencias comerciales.


El presente de La 33, pasados quince años en los que pocas cosas son iguales a como eran en 2001, viene servido en una fiesta, un nuevo sencillo y la promesa de una quinta producción discográfica. Lo primero será un concierto el 18 de noviembre en la Bogotá que los vio nacer y crecer; lo segundo es “Caliente”, un tema que vuelve al sonido de la Nueva York de los años 70, con la peculiar identidad contemporánea que han sabido pulir en ese sonido…


Y lo tercero lleva por nombre también Caliente, un EP con seis temas en los que La 33 no sólo celebra sus quince años de carrera, sino también prometen darle nuevos colores a su idea de una salsa intercultural. De hecho, dentro de lo anunciado se menciona un cover a “Soy un animal” de Los Toreros Muertos y (Dios mío bendito) a “Fire” de Jimi Hendrix. Quedamos muy atentos...

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Panamérika es un show de radio semanal de una hora y un portal de noticias producido en la Ciudad de México para Red Bull Music Academy Radio. Compartimos la música emergente más destacada proveniente de las escenas de indie hispano en todo el mundo, a través de la radio, web y eventos que permiten apreciar nuestro gusto musical en vivo. Presentado por Jorge Medina, este premiado programa no sólo toma el pulso de la música hispana global, sino que también proporciona una plataforma para la unidad cultural. Panamérika: cortes modernos de Hispanoamérica.