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PANAMÉRIKA

Los cortes modernos de Hispanoamérica

Pasión que perdura: festival Manana


Foto por Chico Zapote

Aferrado a retroceder o al menos pausar el tiempo, estoy sentado en la banqueta del pasillo que divide el
Teatro Heredia. Se han cerrado las puertas del Café Cantante y también a la sala principal del teatro. En la pista Pacho Alonso sólo se oyen palabras barridas en distintos idiomas... Como tal, el festival ha terminado. La poca gente que aún queda en el espacio se desplaza a la calle o es recogida por camiones y autos particulares.


Cuando ya no queda casi nadie, quiebra mi espíritu ante algo que había temido desde que llegué a Santiago de Cuba: ya no está sonando nada; ninguna persona está haciendo música; se acabó Manana… Así como cuando ha terminado el campamento pero alguien necesita mantener prendida la fogata, me dirijo hacia los espacios del teatro para que a través del recuerdo se vuelvan a encender algunos sentimientos encontrados.



Pasillo de Heredia por Chico Zapote

El primer lugar al que me encaminó es a la Pista Pacho Alonso. Debe empezar el recorrido ahí; es donde comenzó el Manana para mí. 
La poca iluminación muestra sombras de latas y necios arrinconados en una mesa, este patio luce muy distinto a lo que era el pasado miércoles 4 de mayo. Aquel día, dando las cuatro de la tarde, el público se juntaba mientras observaba una acuarela de nubes en el cielo y esculturas humanas en la pista. Entre lo rojo, negro y azul, resaltaba el verde; con ese color estaban uniformados los integrantes de Rumba Aché, listos para romper las filas. Por si no bastaran las percusiones para incitar movimiento, Rumba Aché contaba con un equipo de danza.



Rumba Aché por Chico Zapote

Si estábamos en la pista Pacho Alonso y celebrando la unión, tenía que ser con
rumba. Antes de ir al siguiente espacio, falta una memoria más que revivir: la emotiva presentación del explorador sonoro Quantic, donde la improvisación y ensayo pudieron coexistir. Unas horas antes de que cayera la tormenta, subió Will al escenario acompañado de percusionistas, trompetistas y más músicos para deleitar a cualquier organismo audio-sensible. Lo que ya se venía practicando y grabando en los estudios EGREM, se mostró ante un público conmovido por la música que salía de esta colaboración. Gran parte de lo que distinguió al Manana era la espontaneidad y lo que saliera al momento, Quantic fue de los artistas que se sumó a esto al invitar al escenario a unos guitarristas que acababa de conocer en Santiago.



Quantic por Paula Fernández

Recordando este hermoso momento, es suficiente para tomar rumbo hacia el siguiente lugar: el bar del subsuelo donde transpira hasta la pared, un foro llamado Café Cantante. 
Aunque las puertas estén cerradas, no evita que se pueda entrar a él. Sigue reverberando el sonido detonado por la tocada de Los Hoyos (colectivo que nos guió y dio acceso al espacio)... Ante la vibración, brotan los recuerdos. 



Los Hoyos por Paula Fernández

Adentro del Café Cantante se perdía noción del tiempo; la tarde se volvía noche. 
Sólo bastaba bajar unas escaleras para llegar a donde Calentura empapó lo que se encontraba en su camino, DJ Jigüe junto con El Menor tocaron nuestra alma, y las PAUZA entrelazaron territorios y gente. Como tal, era el foro con formato más familiar para los norteamericanos, europeos y latinoamericanos, pero tenía un giro peculiar en la interacción entre el público. Ante la ausencia de selfies o mala copas, era posible gozar la música y tener una conversación sin estar viendo una pantalla.

De los actos memorables en Café Cantante fue el takeover de Calentura, seguido de la pandilla Fania. El instinto animal era evocado por máscaras y twerkeo hasta el suelo.
 Gracias a los bajos indomables, se disparó la libido de las personas que lentamente se transformaban en bestias salvajes mediante tracks como “Aguanile” o “Pa’ Bravo Yo”. Si esto no bastaba para enardecer, se repartieron cachetadas subsónicas por parte de Uproot Andy, el buen Nickodemus y José Marquez. Los culpables de alterar a la fauna del Café Cantante fueron los Dengue Dengue Dengue con aquella intoxicada que previamente les habíamos advertido.


No puedo salirme del Café Cantante sin mencionar otro acto, aquel que cruzó los caminos entre carreteras locales y extranjeras: el enlace que realizó PAUZA. De principio a fin, Paula y Zahira tenían claro hacia dónde querían llevar a sus espectadores. Se mantenían firmes con calma, adquiriendo de esta manera control del mood que constantemente oscilaba en lo divertido. Durante el set, se pudo escuchar desde su propia voz varias canciones de su último disco, titulado Hey You!. A la par de su talento para llevar a cabo un espectáculo en vivo, también resaltaba la incorporación precisa de los ritmos cubanos a la música house. 

En Latinoamérica actualmente hay una fuerte producción y presencia de este género surgido en
Chicago y distribuido en Europa. Tal vez para nosotros ya no resulte sorprendente una reinterpretación del género, pero es importante aclarar que dado el contexto político/social de Cuba junto con las condiciones desfavorables para la conectividad, es realmente sorprendente lo que está haciendo PAUZA junto con más gente metida en la escena de música electrónica de la isla. Bien dijo Uproot Andy:  “Estando aquí, uno se siente afortunado del acceso que tenemos. Es increíble ver qué tanto conoce la gente de aquí y cómo logran compartir cultura de afuera mediante un USB”.

 


PAUZA por Angélica María Brito Nicolás

Dicho eso, es hora de ir al último punto: lo que fue la cocina donde se horneo la masa, la receta de unión elaborada en la sala principal del Teatro Heredia. 
Sigue abierto el acceso a la sala, me asomo por una de las puertas para observar que los instrumentos del escenario ya han sido desmontados. A lo lejos veo la tarima e inmediatamente mis manos se acuerdan de cómo se hincharon después de golpearlas, intentando seguir el ritmo marcado por Michael Batás de Obbatuké.

Aquel jueves 5 de mayo, lo único individual en el espacio eran los asientos. Toda la gente se fusionó para ofrecer lo que pudiera al ritual que Obbatuké orquestaba con la modulación que proporcionó el dúo inglés
PlaidEn ese instante se volvió tangible la conexión. Entre cantos, roces de cuerpos y redobles de palmas, fuimos parte del intercambio. Decidimos integrarnos y por lo tanto volvernos un solo sonido que si bien no sonaba igual, tenía la misma intención. 

Tanto Edward Handley como Andrew Turner (
Plaid) llegaron antes a Santiago para realizar talleres con los músicos locales, grabaciones e ir preparando las colaboraciones que sucederían en el festival (Quantic, Kumar Sublevao Beat, Gifted & Blessed) y Ariwo también se unieron a esta iniciativa). Acciones como las que ejerció Plaid son las que impregnaron de inspiración al Manana; ejercicios que develaron la pasión contenida en el verdadero significado que tiene el nombre elegido para el proyecto.



Michael Batós sonriendo con Andrew Turner

Aquí en donde nos unimos, es donde sucedería oficialmente el cierre de
Manana. La soldadura sería fundida por las frecuencias de Ariwo. Esta banda conformada por Pouya Ehsaei, Oreste Noda, Yelfris Valdes y Hammadi Valdes, colaboró durante su acto en vivo con el legendario Mililián Galis. La integración de Galis a la presentación fue un episodio emblemático en Manana (después de todo, él es un sabio de la percusión afro cubana, un hombre que ha crecido tocando tambores batá). Todo el ruido que es Ariwo era procesado por Pouya. La exposición a estas ondas desvanecía nuestro cuerpo; ahora sólo éramos energía…

Ya no estamos ahí, dejo de estar en la sala….Ha sido interrumpida la travesía. Me desconecta la voz de Chico Zapote avisando que ya nos vamos. Lo sigo en automático hasta el taxi donde ya se están subiendo otros tres amigos, cada uno sonriendo distinto. Subo al auto sin despedirme del Teatro, y mientras me alejo decido no despedirme de él ni de Santiago… Sólo puedo decirle: Hasta Man(ñ)ana.


Gran parte del ambiente y sintonía del festival se debió a que la mayoría íbamos porque nos apasionaba el proyecto. En Manana, ni el lucro ni el Otro tenía cabida. Eso era un gran refuerzo para el vínculo que tuvimos entre staff, voluntarios, artistas, prensa y público.

La vibra, por más buena que sea, no te puede librar de variables durante el transcurso del evento y menos de imprevistos de logística. Es por eso que se debe resaltar y agradecer el apoyo que brindaron al festival los integrantes de No-Nation (Guy Morley y Adam Isbell) junto a fuertes elementos como la guerrera freelance Alice Whittington, nuestra querida gurú de prensa Nati Linares, y voluntarios clave como la joven Maite Rostgaard y el siempre musical Eddy Garrido.

Para no dejarlo en algo implícito, se felicita a los organizadores (Alain García, Harry Follet y Jenner Del Vecchio) por haberse arriesgado a ejercer todo el esfuerzo que han llevado a cabo por años. Jamás será olvidado por los que estuvimos en el festival.

Varios temen a que la historia se repita, pero en el caso de Manana, esperamos que suceda. Éste es un acontecimiento del cuál sólo saldrán cosas positivas. 
En lo que sucede, seguiremos al pendiente del proyecto, y sobre todo manteniendo vivo lo que sentimos y todo el cariño que tuvimos. Falta aún más pasión y sobre todo acciones… Queda mucho más Manana qué manifestar.


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